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Una vez más, incansable y entusiasta, Caminos de Liberación, en nombre de Acción Liberadora (AL), nos presenta una nueva campaña solidaria. Lo hace, además, en un momento simbólico y sugerente: los veinticinco años de andadura informativa y solidaria de Caminos de Liberación. Unas bodas de plata que deseamos felices y, sobre todo, fructíferas.
El proyecto que asume Caminos de Liberación, llamado “Rayo de luz y esperanza” es ambicioso y atractivo. Ambicioso porque quiere hacer llegar desde muchas manos un pequeño cauce de esperanza para cien niños, con sus nombres y apellidos, y por tanto para cien familias, de modo que se pueda mantener su educación, su vestido y su alimentación. Estamos seguros de que no faltarán cien personas y comunidades solidarias para que este trasvase de esperanza pueda dar fruto de inmediato. Un proyecto atractivo porque va dirigido a los niños; y los niños son siempre el lado más cálido, más interpelante y más humano de la pobreza.
Os presento este proyecto desde el corazón. He visitado Yaoundé (Camerún) y conozco personalmente esta realidad hiriente y dolorosa de los niños sin futuro, sin recursos, sin expectativas, sin familia… Un solo gesto de solidaridad, pequeño e insignificante, se convierte allá en un torrente inmenso de posibilidades. Impresiona recorrer las calles angostas y sin asfaltar de la parroquia de la Briqueterie y ver a los niños que lo llenan todo con sus gritos, con sus juegos, con sus miradas curiosas. Niños alegres a pesar de la necesidad que se han acostumbrado a su situación porque no conocen otra. Subalimentados, sin posibilidades escolares, apenas vestidos, escasos de higiene, sin familia muchos de ellos, que recorren cada día las callejuelas de la Briqueterie buscando una oportunidad que nunca llega. Con sus cacharros de plástico acuden a buscar agua a la fuente pública mientras miran curiosos cuanto sucede a su alrededor. No podemos negarles la esperanza.
Os animo, pues, a colaborar generosamente con este proyecto, lleno de vida, para que juntos podamos hacerlo realidad gozosa. Es sólo un gesto, uno sólo, pero tan valioso para los niños de la Briqueterie que no será nunca olvidado.
Entre todos haremos posible un “Rayo de luz y de esperanza”. |